LA TECNICA DEL SAXOFÓN: DUELE?

M. comenzó siendo mi alumna luego de unos 5 años de haber tomado clases regularmente con 2 ó 3 maestros. Pocas veces ví a alguien tocar de modo tan rígido, el mentón absolutamente contracturado presionando la caña, el labio superior casi invisible por la tensión. El sonido apagado y en ningún punto vibrante ni pleno de armónicos. Nos llevó un año y medio desarmar este "nudo". Incluso en un momento necesitamos que deje de tocar el saxo y dedicarnos solamente a la reeducación muscular y respiratoria. La primera vez que logró sacar un sonido sin endurecerse (ambas emocionadas) me dijo "Vos deberías contar esta historia, que todos sepan que no hay que sufrir para tocar el saxo..."
Después de pensarlo un par de dias me dije ¿Por qué no?: es lo que hablo todos los días con alumnos y amigos acerca del aprendizaje del saxofón, de la música y la improvisación. Para compartir experiencias, contar anécdotas o insultarme por mis arranques de fundamentalismo docente-musical: marinamosenkis@gmail.com

A la pregunta del alumno "¿Es normal que me duela tanto la boca/el labio al tocar?" me contaron varios tipos de respuestas (Dadas por docentes).

Resumiré algunas:

- “Al principio es normal, despues se te va a hacer un callo y ya está” (¿En la mucosa del labio? Un dermatólogo ahi!)
- “No mariconees, ya te vas a acostumbrar” (Un....¿Psicólogo? ahi!!)
- “No estarás estudiando lo suficiente” (Tal vez un...¿Látigo de 9 puntas?)
- (Respuesta dada por profesor varón) “Vos porque sos mujer” (Juaaa!!!Un sexólogo ahi!!!)

ACERCA DE LA DUREZA DE LA CAÑA

Muchos maestros dicen "éstas son las que yo uso, comprate las mismas" suponiendo que el alumno inicial debería tener la musculatura igual de trabajada que el maestro.

El equipamiento debe ser cómodo. La caña ofrece una resistencia que debe ser equiparada al trabajo muscular de embocadura y respiratorio. Hay quienes al principio no logran mucha apertura costodiafragmática por lo que la caña -si es dura- directamente impide que salga sonido sin forzar la boca. Los problemas respiratorios pueden traer como consecuencia directa endurecimiento, rigidez, tensión de embocadura. En casos extremos contracturas y calambres del maxilar, lastimaduras (sangrado o ampollas) en la parte interna del labio inferior o problemas odontológicos que llegan a incluir hasta movimiento de los dientes inferiores.

Mi alumno P. estudió 3 años de esta forma que entre nosotros llamamos de " patovicas del saxofón" (tampoco es cuestion de perder el humor). Consultaba a su odontólogo por los intensos dolores en dientes y encías. El profesional no encontraba nada anormal y actualmente, luego de profundos cambios en su embocadura, no le duele nada mas . Y obviamente el saxo le suena tanto mejor.

P. se sintió estafado por su anterior maestro (de verdad no encuentro una forma mas suave de decir esto, es lo que él dijo!) estafado por su dolor y por la pérdida de tiempo (y dinero, claro) Podriamos pensar que P. debió "darse cuenta antes"? Pocos alumnos tienen su nivel de entrega y confianza. Si su maestro -la persona en quien depositó su confianza- decía que sufrir era correcto...

Por otro lado, no es lo mismo quien estudia varias horas por día que el que lo hace sólo un par de horas semanales. Los músculos trabajan distinto. Y si el alumno que le dedica pocas horas a la práctica no tiene un sonido grandioso o viene con agudos o ligaduras imposibles, debe saber que esto es debido a sus cañas blandas, así como también debe saber que no podrá endurecerlas sin mas horas de práctica.

Podemos verlo en el gimnasio: no levanta el mismo peso quien va todos los dias con el objetivo de ser un Mr. Mundo del Músculo que quien va 2 veces por semana a correr un rato y mantenerse. Si este último levantara el peso del anterior, se lesionaría. Entonces podemos comparar la dureza de las cañas con los kg. a levantar.

Esto no significa que el objetivo no sea ir subiendo la dureza de las cañas ¿quién no quiere tener un sonidazo? pero cada uno lo hará dentro de sus tiempos y posibilidades reales.
Lo que marcará la velocidad de los cambios es la dificultad: cualquier paso que saltee al principio (por ansiedad o negligencia) y quede sin resolver, volverá a la superficie en el futuro.

EL AIRE

Hasta no resolver el tema de la resistencia respiratoria mediante ejercicios específicos no serà posible endurecer las cañas.

Un dia mi alumno A. -con su particular humor- dijo haber descubierto que la importancia del aire en el saxofón es similar a "la importancia del agua en la navegación".

Cuando llega alguien que viene tocando hace un tiempo, una de las preguntas clave es "¿cómo respirás para tocar el saxo?" La respuesta mas graciosa fue "con el estómago" (Este chico de verdad creía que el aire iba al estómago! Me costó convencerlo de que, si así fuera, debería estar mas en un quirófano que en clase de saxo).
Muchos dicen -y con razón- que respiran "llevando el aire abajo" (Esto al inhalar. Y al exhalar? misterio chino) Incluso alguno (nunca falta el culto, el médico o el leído) dijo "con el diafragma". Una cosa es información y otra verdadera sensación física. Casi todos hablan del diafragma pero pocos lo sienten en el cuerpo porque es un músculo interno y de uso no muy conciente en lo cotidiano.

SUENA A SAXO?

El sonido del saxofón tocado con la técnica correcta es tan bello que no vale la pena perdérselo por inoperancia técnica o ignorancia. Escuchemos, por dar un ejemplo, cualquier balada tocada por Coltrane: ¿Todavia quedan ganas de morder, o de usar la lengua como ballena enfurecida contra una caña por completo indefensa? ¿De respirar "lo justo"? Hacer un ejercicio de sonido, pararnos en el medio del recinto de práctica, cerrar los ojos, tocar una nota larga, sentir la vibracion...¡Esto puede ser algo muy placentero! En este punto, hablando del placer meramente físico de tocar el saxo, P. me dijo "no te olvides que hasta hace 15 dias yo sólo sentía dolor..."

UN DOLOR MAS SUTIL

Hay otro tipo de dolor, no físico (al principio) que es el de no sentirse lo suficientemente "bueno".

Algunos salen tocando algo en la primera clase, a otros les lleva meses. No formo parte del grupo de los "talentosos" y más de una vez me he sentido en clase (y en casa, al querer practicar algo que me había llevado esa clase y superaba mis posibilidades) totalmente incapaz de aprender.
(y el miedo al irse acercando la clase siguiente...Y ni hablar del alivio si el profesor llamaba para cancelar!)

Fácil es ser buen maestro frente al alumno rebosante de dones, lo difícil es la paciencia infinita, la espera. Los conceptos tardan en incorporarse, en "metabolizar".
Una vez cuestioné a un maestro de improvisación porque iba demasiado rápido, clase tras clase me llenaba la carpeta de información teórica que yo no podía incorporar. Al momento de tocar, todo esto sólo me bloqueaba. Se justificó diciendo " vos me pagás toda esta plata, cómo no te vas a llevar algo nuevo en cada clase?" sin comprender que yo le pagaba por un proceso de aprendizaje, no por una-clase-de-saxo. En todo caso también le pagaba esperando su paciencia, su comprensión profunda de mis necesidades, ponerse en mi lugar por un momento, centrarse y esperar(me) (Si fuera a "comprar" unas clases, prefiero un buen par de zapatos).
Alguien un día me dijo al final de una clase "no importa cuánto nos lleve, lo que importa es que te salga, seguiremos buscando"

Lo único que hace el maestro es transimitir (generosidad - dar) un conocimiento que, a su vez, otros le transmitieron (agradecimiento - recibir) La música -y el saxo mismo- ya estaban en el mundo antes de nacer él y seguirán estando después que muera. No puede ser ÉL, su ego, más importante que la música o que el saxofón.
Aprender algo nuevo, "horadar la piedra", es un proceso que nos pide entrega, pasión y también mucha práctica y voluntad. Hay momentos de alegría, de descubrimiento y otros donde parece que nada funciona. El maestro acompaña, asiste, a veces es sólo un "bajador" de ansiedad. Está todo el tiempo equilibrando lo que hay (lo que se sabe) con lo que no hay (lo que se está por aprender). Es tortuoso un proceso de aprendizaje que hace foco sólo en la falta.

Otro maestro de improvisación al que fui unos meses terminaba todas las clases diciéndome "la verdad, no te suena". Yo estudiaba muchísimo en esa época. Un dia salí de su casa, llegué a la mia, guardé (¿o escondí?) el saxo bajo la cama y me dije "si haga lo que haga, no importa cuánto estudie, "no me suena" entonces no toco mas, esto no es para mi" (bueno,si,dije otras cosas mas) Me fui de viaje varios meses, triste, frustrada, desorientada, creyendo que era El Fin (tengo un costado dramático bastante gracioso si se ve de afuera) Por suerte cierto dia me reencontré con el saxofón, primero, y luego con la música y la improvisación. Entendí que es mi DESEO, es "eso que yo hago" ,es lo mio, me encanta, me hace bien y no puedo evitar hacerlo.
Lo que sí me quedó claro es que era ese maestro (no busque en los créditos, ni siquiera figura!) su falta de sensibilidad y su manera egoísta y egocéntrica de enseñar lo que no eran para mi.

A VECES ME ENOJO

Nadie con profundas ganas de conectarse con la música y consigo mismo se merece sentirse una larva por no poder usar cañas número 4, o no poder subir la velocidad del metrónomo, o no escuchar esa nota en el medio de una transcripción, o no poder tocar esa frase larguísima sin respirar en el medio ,o porque durante 5 meses "no le suena".
Si el músico no está dispuesto a "desaparecer", a correrse del medio, mejor sería que no intente enseñar.
Y el que no esté dotado de la paciencia y la capacidad de comprender la dificultad ajena (y encontrar o inventar -si, inventar¿por qué no?- un ejercicio específico para cada dificultad) bien podría tomar sólo alumnos hipertalentosos, o con altisima e inquebrantable seguridad en si mismos, previo exámen/test psicológico de admisión.
Si se pone ansioso o se aburre con sus alumnos "normales", más honesto sería ir viviendo de otra cosa.
Cada uno de mis maestros me dió algo muy valioso por uno u otro camino (incluso los que minaron mi autoestima con su soberbia me enseñaron mucho, claro) y estoy agradecida.
Pero ya no (me) basta con buenas intenciones.

Volviendo

¡Puf! Còmo remonto esto?
Algo que me apenó cuando comencé a escribir estas cosas fue la cantidad de malas experiencias, mias y ajenas.

Pero claro que hubo de las buenas, todos podemos recordar "esos" buenos momentos!
He tenido -y aún tengo- maestros generosísimos, que no necesitan del alumno para levantar su ego, personas con amor al prójimo y a la música. Seres que, sin miedo a perderse, me ayudaron a encontrarle la vuelta al asunto.

Hay tanta música tan profunda. Profundizar, en sí mismo, es toda una experiencia. Nos transmuta. No importa hasta dónde, ni en cuánto tiempo...sólo puedo buscar sumergirme cada vez más, conectar con la música ,con los músicos con los que toco y conmigo misma.

Y seguir jugando!